Archive for the Mochileros Category

Decadencia, decadencia…

Posted in Mochileros on 29 diciembre 2009 by rafademencia

Durante los días que estuvimos en Oporto,  la orgullosa capital del norte portugués, nos acompañó un gris infinito y amenazante en el cielo. Otoño en la puerta del Atlántico.

Oporto es decadente. En ciertas partes, se cae a pedazos. Humedad, letreros de tipografías demasiado viejas, como un decorado abandonado. Hace falta una marcha más lenta para pasear, para todo.

El azulejo es un encuentro frecuente en las casas de los barrios viejos, y siempre falta un azulejo. Cuestas de adoquines irregulares, torres fantasmales, pequeños bares escondidos tras las esquinas… Sombras gentiles y húmedas.

Decadente, decadente. Y muy frágil, como si cada pequeña cosa pudiera acabarse de repente y volverse normal y vital y europea. Lo difícil es no hacer el amor en Oporto.

En Miragaia, más al oeste, después de caminar por calles olvidadas,  encontramos un jardín donde encerrar todo el otoño, toda la melancolía, toda la saudade. En el vino encontramos las mil palabras que nos faltaban para definir la ciudad. Pero no las recuerdo sin vino. También había un puente que se miraba desde abajo, y cafés modernistas llenos de poetas recordados y un río, siempre, un río.

Decadencia, hermosa decadencia… Que no te cambien, Oporto.

El olor de la Catedral

Posted in Mochileros, Subculturas Urbanas on 17 noviembre 2009 by rafademencia

Salir un miércoles en un autobús de línea para ver un partido en Bilbao y volver al día siguiente es el tipo de locura que jamás comprenderá alguien no aficionado al fútbol. Sinceramente, yo tampoco lo comprendo, pero el pasado miércoles 11 yo no me chupé cinco horas de bus para ver fútbol, lo hice para visitar el estadio de San Mamés, la Catedral.

Desde fuera desmerece un poco, con ese recubrimiento blanco que le hace parecer una fábrica más de la margen izquierda del Nervión, pero lo arregla la vista de este templo desde la calle Poza con el gigantesco escudo del Athletic presidiendo la entrada de la afición. Una afición, la bilbaína, de las más educadas y apasionadas que haya tenido el gusto de conocer. Cuando el Athletic se lo gana, el estadio no canta, ruge. San Mamés es un estadio de distribución elegante, al estilo de los viejos campos ingleses, con sus columnas y sus rincones.

A la Catedral se entra con humildad y respeto. Y no huele a incienso, como debiera un lugar santo. La humedad de la ría levanta hasta las gargantas el aroma de esta hierba centenaria y mítica.

Nuestro momento de gloria no presupuestado llegó con el empate que implicaba la clasificación para la siguiente ronda de nuestro Rayo Vallecano. San Mamés fue Vallecas durante los últimos minutos ensordecida por “la vida pirata” que 200 privilegiados entonábamos desde el córner.

El pasado miércoles el Rayito pasaba su eliminatoria mientras yo cumplía un sueño. El aroma del césped de la Catedral se quedará, para siempre, en mi memoria.

Cumbres kirguizas

Posted in Mochileros on 5 noviembre 2009 by rafademencia

9. Song KolDespués de tanto desierto uzbeko y el hostión emocional con la desolación del mar de Aral decidimos darnos una vuelta por el vecino Kirguizistán. En Bishkek, la capital, no hay nada, así que nos fuimos a ver montañas, que es lo que hay en Kirguizistán. De todos los tamaños y colores.

19. Song KolFuimos hasta Kochkor, donde llegamos de madrugada después de un atasco de dimensiones cortazarianas para subir a la mañana siguiente hasta el lago de Song Kol. Dos horitas de viaje en los que un par de urbanitas irredentos miraban asombradísimos esas cosas extrañas que son como edificios piramidales sin ventanas y que se llaman “montañas”.

7. Song Kol

Y llegamos al lago, una gigantesca explanada verde y brillante hasta llegaba la vista (que es donde empezaban más montañas). Song Kol es un antiguo circo glaciar, poblado en verano por manadas de caballos, ovejas, vacas y un poco de  gente. A 3.050 metros de altitud hace frío y no llevábamos más equipo que una sudadera.  Dormimos en una yurta, con una familia kirguiz a la que no entendíamos por mucho que sonrieran. Por las noches nos echábamos encima toda la ropa de abrigo que encontrábamos para contar estrellas. Todo lo que había que hacer era mirar el paisaje, y no nos cansamos de hacerlo.

23. Song KolLos caballos aquí son como las bicis en Amsterdam. Daniel, un alemán que encontramos paseando, me enseñó a montar. Y no se me dio mal, al parecer. La sensación del galope de aquel pequeño caballo mongol por las orillas del lago fue de las mejores cosas de este viaje.

Bajamos de Song Kol llenos de energía para emprender la segunda parte del periplo kirguiz que nos llevaría, en una odisea tan absurda como hermosa, hasta la ciudad de Osh. La naturaleza, en este estado tan puro, seguirá siendo un misterio para aquella parejita de Lavapiés.

11. Song Kol

Aral

Posted in Mochileros, Rabias on 25 septiembre 2009 by rafademencia

351. Aral

324. AralVisitar maravilla tras maravilla puede llegar no sólo a aburrir, sino a dejarte deslumbrado y hacer que no veas esas cosas realmente interesantes. Cosas, como el mar de Aral, que no deberían ser vistas porque no debieran haber sucedido jamás. Y vale la pena cruzar medio planeta para enfrentar un horror de estas dimensiones. Ese tipo de cosas que, por mucho que te cuenten, nunca vas a entender si no las ves con tus propios ojos. Ni aún así.

Bienvenidos a la tierra de la desolación.

La capacidad del ser humano para el crimen y la iniquidad solo encuentra límites cuando se acaban las víctimas potenciales. Asesinar un mar en nombre de la producción está más allá de nuestras dimensiones mentales. O debería de estarlo.

319. Aral

350. AralSupongo que alguno de los círculos del infierno de Dante se parecería a esto. La piedad y la rabia que despiertan los cadáveres de los otrora orgullosos y alegres pesqueros te bloquean. Varados en medio de una arena envenenada que un día fue el lecho marino. Parece que te miran, que te preguntan qué ha pasado y por qué. Que dónde se han ido el agua y las olas y las mareas. Por qué hay polvo seco donde había brisa y por qué se muere la gente al respirar.

315. Aral

Estar allí dentro despierta algo negro y terrible que todos tenemos dentro. En cierta manera ese paisaje nos es familiar. Ya hemos estado aquí antes. Un parque temático soledades no deseadas, de teléfonos que no suenan, de futuros muertos, sin ilusión alguna, de vidas que pesan y no se acaban nunca. Como el sol en el Aral; implacable, sin horizonte que lo cobije y sin más sentido que el dolor.

345. Aral

Existe una retorcida belleza en esta obra cumbre de la muerte.

Tashkent. Recuerdos de la U.R.S.S.

Posted in Mochileros on 17 septiembre 2009 by rafademencia

Viviendas en TashkentLa capital de Uzbekistán, la ciudad de piedra no es para muchos viajeros más que la hermana grande, hacendosa y funcional de Samarkanda y Bukhara. Pero Tashkent es una metrópolis en un sentido muy diferente al occidental. La mezcla de razas es turbadora, excesiva. Un reflejo de la artificialidad de las fronteras de todos estos estados donde los pueblos solo han sido dueños de la tierra que pisaban más allá de su origen étnico. La era roja convirtió a Tashkent en la referencia urbana de Asia central, el punto donde se cruzaban nómadas, viajeros e invasores con el mestizaje local, ya de por sí desmedido.

Plaza

Tashkent es un ciudad espaciosa, trufada de zonas verdes. Está llena de barrios obreros de estilo soviético, pero tienen personalidad, alegría. En cada uno hay un diseño diferente, fachadas decoradas, colores, ornamentos en las ventanas. 45. TashkentUrbanismo dirigido, horizontal y amable, pero también ajeno a los usos locales hasta entonces. No deja de ser algo absurdo encontrar esos mismos modelos de distribución del espacio en Europa oriental, cuando el clima pide calles estrechas para proteger a la gente del sol o del frío. Aún con todas sus contradicciones, el socialismo le dio a esta ciudad un nivel de civilización y progreso más allá de lo que cualquiera de sus habitantes podría haber soñado jamás.

80. TashkentHay un ejemplo muy visible de la intención del socialismo de llevar el poder de arriba a abajo, a la base. El lujo concentrado antaño en palacios y catedrales (que aquí no había), desapareció. Entonces lo llevaron abajo y más abajo, al metro. Cada estación es un museo imposible y perfecto. Todos distintos. Todas las vanguardias, lo más excelso de la producción artística soviética se quedaba en el metro. Allí están los cosmonautas, los héroes de los niños de una generación, los científicos, los artistas, los soldados, la historia, las conquistas, las cosechas.

74. TashkentTashkent tiene tres centros y tres cabezas. El centro antiguo, en Chorsu; barrio de calles estrechas y mezquitas donde se venden samsas en carritos de bebé de los años 50. El centro soviético, monumental, perfecto, armonioso, con parques tomados por libreros y niños jugando en las fuentes. El centro moderno, mirando a occidente, de bancos y hoteles de lujo, donde la gente sólo transita. Pero ni aún aquí se encuentra un McDonald’s o un Starbucks.

6. Tashkent

Los viejos Ladas comparten las enormes avenidas con los nuevos turismos coreanos. Las tuberías de gas y agua pasan sobre las calles en arcos absurdos. Bancos de niebla con olor a shashlik y cilantro. Hiyabs y minifaldas. En la plaza de los Cosmonautas la chavalería intenta un nuevo truco sobre sus monopatines bajo la mirada de los conquistadores de las estrellas.

Gitanos, agua con gas y Modern Talking

Posted in Mochileros on 9 agosto 2009 by rafademencia

No es fácil moverse por poca pasta en Uzbekistan. La naciente industria turística va mostrando sus peores caras al viajero al grito de: “estos son ricos y hay que sacarles la pasta”. En países como éste, la etnocéntrica y buenrrollista Lonely Planet no sólo sirve de poco, sino que es un autentico sabotaje.

carretera_uzb

Entre Bukhara y Khiva se puede ir en taxi compartido, pero la mafia local acuerda precios desorbitados en los que nadie baja un sum. Intentaron convencernos de que eran la unica solucion cuando descubrimos un grupito de gente esperando bajo los arboles un autobús y allí nos metimos.

ninios_busHubo que pelear para entrar y coger sitio (mucha gente iba de pie) y prepararse para ocho horas de travesia por el desierto de Kizilkum (con una sóla parada) en una carraca del tiempo de Nikita (Khrushev). El espectáculo estaba dentro: la parte de atrás ocupada por gitanos, con sus bultos, sus churumbeles y sus pendientes en la oreja. Los niños, como no tienen sitio, correteando por el pasillo sobre los bultos y la gente allí sentada. Todas las ventanas abiertas buscando algo de aire, todas las cortinas echadas tratando de hacer algo de sombra, las botellas de agua casi se ponen a hervir tras media hora de viaje, el asiento de delante no se puede poner derecho y tratamos de arreglarlo con una cuerda.

Cantamos canciones del Rayo con gran exito de crítica y publico, enseñamos a los enanos a jugar al calientamanos y ellos a nosotros a contar en uzbeko (bir, ikki, turt,…). Una señora no podía entender que Sonia y yo que, obviamente, estamos casados, no tuvieramos hijos. Por eso preguntó si dormiamos juntos y luego, una tercera, me sugirió que fuera al médico y buscara algun remedio, conviertiendose así mi ‘problema’ en la conversacion favorita del bus. Pero allí estaba Guli y su excelente inglés para echarnos una manita, traducirnos cosas y hacernos el viaje mucho más agradable.

gitanilla_sonrisaEn uno de los mucho controles policiales (esto parece Lavapiés) alguien se hizo con botellas frías de agua con gas, pero los tres guiris llegamos tarde. Una senora se apiada de nosotros y nos regala una… bueno, ya nos había regalado a sus cuatro criaturas que acabaron echándome del asiento y desconfigurando el móvil de Sonia, asi que no nos sentimos muy culpables. Poco despues, cruzábamos el mítico Amu Darya.

pandilla_uzbCuando por fin llegamos a Urgench nos despedimos todos como si fuéramos una familia; los críos, los gitanos, el conductor, un tipo con pinta de boxeador, una estudiante de medicina en Tashkent,… Luego nos pegamos con todos los taxistas piratas para poder llegar a Khiva, cosa que conseguimos al final por un precio razonable. Esos ultimos 20 kilometros los hicimos al ritmo atronador de los hits de Modern Talking, que por alguna siniestra razón no dejan de sonar en este país por todos lados.

Cómo estaba de buena aquella primera cerveza.
You are my heart, you are my soul…

Berlín (II). Un héroe de la clase obrera

Posted in Mochileros, Rabias, Subculturas Urbanas on 27 mayo 2009 by rafademencia

Futbolín_Museo_DDREn el museo de la DDR hay un lugar destacado para un partido de fútbol que enfrentó, por única vez en la historia, a las selecciones nacionales de las dos Alemanias. Fue en 1974, en el marco de la fase final de la Copa del Mundo celebrada en la entonces República Federal Alemana. Ambos equipos se encontraron en la primera fase. Los occidentales contaban con un equipo temible en el que se alineaban mitos como Franz Beckenbauer, Sepp Maier, Paul Breitner o ‘Torpedo’ Müller. Los socialistas, con un combinado voluntarioso y lleno de talento consiguiron  una victoria contra Australia y un empate contra un gran Chile.

Alemania Federal 1974 Alemania Oriental 1974

Pero la ‘lucha de clases’ dramatizada en este tercer partido no cumplió con el guión previsto y los orientales, en un partido plagado de ocasiones para ambos equipos, se llevaron la victoria con el gol definitivo de Jürgen Sparwasser en el minuto 76 provocando el delirio en la República Democrática y, por extensión, en todo el segundo mundo.

El resumen del partido demuestra que la RFA no se dejó perder (como algunos sostienen) para evitar un cruze nada ventajoso en la segunda fase.

El deporte era (y es) considerado en los países que desarrollan una forma de producción socialista como un derecho del pueblo, algo que no puede ser profesionalizado y, así, alejado de las masas. Sparwasser se convirtió así en un efímero héroe para todo el bloque soviético. Pero no fue más que un espejismo.

Juregen_SparwasserEl equipo de Alemania Oriental no ganó ningún partido de la segunda fase, en un grupo temible con Holanda, Brasil y Argentina. Mientras, sus vecinos occidentales llegaron a una final que terminaron ganando injustamente a uno de los mejores equipos que haya visto la historia, la ‘Naranja Mecánica’ holandesa liderada por Johan Cruyff. Al acabar la final, la sentencia de Cruyff podría asumirse como epitafio en la tumba de esa forma de entender el socialismo derrotado años después: “No ganaron ellos, perdimos nosotros”.