Gazpacho ®

Mira tú, vaya teletipo, una cosilla de estas idiotas e irreverentes que nos puede salvar cinco minutos de un telediario tipo de Antena3 o Tele5. Pues resulta que a alguien se le ha ocurrido registrar a su nombre la receta del gazpacho. Ja, ja, ja,… ¡qué país, el salero que tiene la gente!

GazpachoPero hete aquí que a una multinacional de la alimentación (piense Vd. en Nestlé o en Coca-Cola) se le ocurre comprarle la patente la friqui aquel. Esto pasa desapercibido. Un par de años después, no hay programa de salud o suplemento dominical que deje de cantar las bondades del gazpacho, sin saber nadie muy bien por qué, así de repente, asociando a la famosa sopa fría andaluza la vitalidad de los Reyes Católicos para culminar la reconquista o las preclaras ideas de los filósofos griegos. Y de repente la multinacional de turno dice que, como son ellos los propietarios del nombre, el resto de empresas no pueden llamar gazpacho al gazpacho que comercializan. Bueno, cosillas de la propiedad intelectual. Con llamarlo “Gazpi” o “Zpach” sigue la cosa.

El siguiente paso es previsible; la multinacional de turno denuncia a sus competidores con el argumento de que sus productos son imitaciones, copias descaradas de su producto. Una campaña mediática bien proporcionada convence a los libres consumidores de que aquel que quiera comer gazpacho no puede financiar a aquellos que hacen trampa y venden como gazpacho aquello que no lo es.

tomatesPero la irreverencia del personal con la propiedad intelectual es asombrosa; siguen haciéndolo en casa aprovechándose de que la receta es pública. El estado se pone manos a la obra y, en aras de mantener el derecho de la industria a la explotación de sus patentes y sus beneficios, grava con un impuesto especial tomates, pepinos, cebollas y ajos; pues su uso para producir gazpacho es potencialmente peligroso para los intereses de la libertad de empresa. Se producen revueltas entre los agricultores que necesitan de la intervención de la fuerzas del orden y acaban con los bombardeos de las riberas de varios ríos marroquíes y de la huerta murciana. Pero el desafío a la democracia y el libre mercado no cesa y algunos “grupos organizados de hortoterroristas” se dedican a plantar ellos mismos tomates, pepinos y cebollas sin control alguno de la administración. Los liberal-demócratas de la oposición acusan al gobierno de turno social-liberal de no haber implantado a tiempo el uso exclusivo de semillas transgénicas de estas hortalizas, que tantos puestos de trabajo habrían creado y hubieran ahorrado la necesaria intervención militar contra los enemigos de la libertad. Un cuerpo específico de policía se dedica a buscar y destruir estas huertas ilegales y poner ante la justicia a los criminales responsables.

antiterroristasOrganizaciones ecologistas y partidos políticos que se oponen a las medidas son ilegalizados y los vegetarianos pasan a ser potenciales delincuentes… el “entorno”, los definen los medios. Mientras, en Brasil, se deforestan millones de hectáreas del Amazonas para cultivos extensivos de tomates y cebollas. Los agricultores locales se suicidan en masa y la demanda de gazpacho no cesa de crecer al calor de las más delirantes y desproporcionadas técnicas publicitarias. Gazpacho es vida, es libertad, es juventud, es salud.

Ahora ya es tarde para el gazpacho. Esperemos que nunca pase nada parecido con la música, la soja, determinadas ideas políticas, la marihuana, el petroleo o el agua. El sistema no puede estar tan loco ¿o sí?

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