Berlín (I). Cicatrices

mi biciDe las primeras cosas que te cuentan, para que no caigas en identificaciones erróneas, es que Berlín no es Alemania. Berlín se mueve como un virus agresivo, consumiéndose y reinventándose a sí misma sin descanso, donde pasan mil cosas a la vez dentro de ese orden europeo convertido en marca, visible en una red infinita de carriles-bici y el civilizado y masivo uso del espacio público.mitte_verticales

La humedad del Spree es tan ligera y presente como la sensación de seguridad que produce no ver ni un policía por la calle, o bares abiertos 24 horas sin ruido, o concentraciones ciudadanas que no tienen por objetivo producir basura. Migraciones consolidadas, bohemios, artistas y precarios de diferentes pelajes (desde erasmus que aquí se quedan a perroflautas sin sitio mejor donde ir) en una ciudad con un altísimo nivel de desempleo. Una gigantesca estación de paso en un mausoleo.

Marx decía que, el último lugar donde consideraba que podría producirse una revolución era Alemania, y calificaba a los alemanes como “ese tipo de gente que antes de asaltar un tren comprarían los billetes”. Se equivocaba. En Berlín están concentradas todas las cicatrices de un siglo, como en un patchwork, una bicicleta vieja o la pierna de un motero.

Kreutzberg_parquePrenzlauer_ventanasFrankfurter_Tor_ocaso

Cicatrices. Berlín hogar de imperios y escenario de sus ocasos, de nazis desfilando por la puerta de Brandeburgo, del Ejército Rojo liberando y saqueando la ciudad, de dos modelos de desarrollo urbano igual de artificiales. Y luego vinieron los Verdes, la Autonomía más salvaje, la Baader-Meinhof, los años de plomo. Un muro cayendo sobre las cabezas de toda la clase obrera europea, la okupación como cultura después recuperada y domesticada, los pactos de estado y las alianzas de clases antinaturales. Berlín es el ‘bala perdida’ del milagro alemán.

Kreutzberg_nocheLa ciudad como tablero para la gentrificación más salvaje. Desde el centro, como bandera, creando e imponiendo una marca que se va extendiendo desde Mitte a Friederichschrine, Kreutzberg y Prenzlauer Berg. Precios, decorados y condiciones orientados a modernillos globales con pasta, alojados en edificios de diseño de dudoso gusto e indudable intención invasora. La gente sobra. La gente resiste abrazada a aquellos que ya saben lo que es sobrar y que, esta vez, no se van.

El paisaje de Berlín, contradictorio, cambiante y, aún así, armónico, aguanta estoicamente estas patadas. En Berlín no hay calles, sólo avenidas, anchas, llenas de luz y parques donde florece gente de mil colores cada vez que sale el sol.

Abrazada a los tilos y los espacios abiertos y conquistados, Berlín resiste.

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3 comentarios to “Berlín (I). Cicatrices”

  1. Qué grandes recuerdos compañero de este viaje a Berlín.

    Cuando se viaja así con un amigo, se es más amigo de él.

    Para todos aquellos que queráis empaparos de historia, os recomiendo unos días en Berlín. El peso de un siglo en una sola ciudad. Impresiona y emociona.

    Un abrazo

  2. rafademencia Says:

    Es que contigo es muy fácil, compañero.

    ¡Anda que no andamos para encontrar el puto puente de la Rosa! Ja, ja, ja,…

    Rayo o muerte. Venceremos.

  3. Anónimo Says:

    Y todavía nos faltó ir a la Plaza de la Rosa, donde creo que se conserva un balcón desde el que se dirigía a las masas… y que fue el centro de la resistencia antifascista.

    Para otra vez. Siempre es bueno dejar cosas por hacer en ciudades como Berlín, por tener una excusa para regresar.

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