Bandipur. Médem y las nubes

Érase una vez puede ser la forma correcta de comenzar a hablar de Bandipur, un pequeño pueblo (como 300 habitantes) en las montañas de Nepal, cerca de la carretera que une Pokhara y Kathmandu.

Bandipur se pasó, los días que allí estuve, jugando a taparse y destaparse con las nubes, confundiendome, haciendome pensar que dormía cuando estaba despierto y viceversa. Y estar despierto era lo más extraño.

Parece que Bandipur se quedó parado en algún momento del siglo XIX y no quiso seguir andando. Sus gentes, sus casas, las piedras del suelo. Para que no quedaran dudas, cada noche se iba la luz y nos iluminabamos con velas.

El escenario ya era perfecto. Ahora tocan los personajes. Un músico catalán de éxito aburrido de los tejemanejes de la industria discográfica, un inglés de Manchester retirado que protesta por la comida de su casera, una profesora australiana que enseña inglés en un templo reconvertido en biblioteca justo en el centro de la plaza del pueblo y una adolescente boliviana en busca de hombres a los que confundir para superar su miedo a estar sola. Como extras, decenas de escolares (aquí están todos los colegios de la zona, algunos de renombre) y unos cuantos ancianos de mirada infinita.


Ahora le ponemos una montaña, peligrosa, fantasmal, con un par de templos silenciosos , llenos de campanas sordas y abandonadas, donde no sube nadie. Donde viven las nubes que bajan al pueblo a cubrir las terrazas de arrozales, jugar con la ropa tendida y meterse por las ventanas en las habitaciones de los turistas.

A mí me dieron una ventana desde la que mirar, fumando, el atardecer, pensando si sería éste ese país de las nubes donde estuve viajando durante tantos años después de hacer el amor.

Decidme que es mentira, que no parece una de Médem. La diferencia es que, en vez de aparecer Carmelo Gómez o Tristán Ulloa, vino mi amigo Miguel a buscarme para seguir nuestro camino.

En Bandipur se quedó empezada una historia.

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Una respuesta to “Bandipur. Médem y las nubes”

  1. odei gorria Says:

    “En Bandipur se quedó empezada una historia.”

    suena bien
    y la ventana es una preciosidad
    me enkantaria poder visitar Bandipur alguna vez en mi vida
    irme hasta la Madre India.

    xra empezar o terminar alguna de mis historias

    un abrazo

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