Policía, fuera de Lavapiés

El pasado miércoles, día 23 de abril, los habitantes de Lavapiés sufrimos otra redada de la policía. Lamentablemente, no es la primera ni será la última. Amparados en la más absoluta impunidad, decenas de funcionarios (y no exagero), tanto de uniforme como disfrazados de persona identificaron y retuvieron a buen número de ciudadanos del barrio con la única excusa del color de su piel, lo que a sus malditos ojos ya los convierte en potenciales delincuentes. Y tengamos en cuenta que esto, por sí, es ilegal.

Aparte de constatar la obviedad de que ningún ser humano es ni puede ser ilegal, no hay delito que pueda ser imputado a estas personas en caso de que no tuvieran los papeles en regla, pues esto sólo es una falta administrativa. Incluso el hecho de esta falta no hace más que visualizar una hipocresía criminal: cuán abiertas están nuestras empresas y nuestros bancos a los recursos y el capital que llega allende nuestras fronteras y cuan poco para los ciudadanos de esos lugares que son víctimas de la rapiña capitalista y a los que no se deja más opción que huir o morir.

Apostados en medio de la plaza, desvalidos ante su violencia, personas de todas la razas eran expuestas al escarnio público culpables de una debilidad inducida. Luces, sirenas, carreras y un despliegue de emergencia con el fin de criminalizar, a ojos de los buenos ciudadanos, a las víctimas de su sistema y sus leyes. También es una aviso para navegantes: “no escatimaremos esfuerzos para machacaros como saquéis los pies del tiesto”. Primero serán los inmigrantes, después los diferentes.

Cuatro furgonetas llenas de personas partieron rumbo al CIES de Aluche, una auténtica cárcel de condenados sin delito. Una prisión de diseño, pintadita en tono pastel, de verjas inacabables (en azulito) y parasoles cool en las ventanas para que no veamos ni las rejas ni lo que pasa dentro.

Estos maderos de civil, uniformados de Zara y H&M, podrían parecen personas normales, chicos jóvenes sin más preocupación que ellos mismos. Pero ya no lo son. Han sido convertidos en algo perverso, en esbirros de los mismos que les machacan, que les han convertido en asesinos y torturadores, que hacen el trabajo sucio del sistema con una pistola en el sobaco. Y nadie se lo ha pedido.

Basta de redadas. Basta de maderos en Lavapiés.

Las fotos son de Juan Carlos Rojas (Diagonal) y de Rompamos el Silencio

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