La maldición de Pícara

Pícara era, en su origen, uno de los personajes más complejos y atribulados diseñados por el universo Marvel. De secundaria de rondón en la Hermandad de Mutantes Diabólicos, pasó a convertirse en una de las más jugosas promesas de la Patrulla-X, en un viaje del mal al bien, cuando menos, sorprendente.

De repente, aquellos que fueron sus poderes se convierten en una condena. Nadie puede tocar a Pícara. ¿Qué grado de soledad, de aislamiento puede caber en alguien con una maldición semejante? ¿Cómo puede vivir un ser humano sin la capacidad de expresar y recibir sentimientos con su cuerpo? Simplemente, deja de ser humano.

Probablemente, se hubiera vuelto loca otra vez. Pícara no puede besar, no puede acariciar. Pícara no puede amar más que platónicamente. Pícara no puede hacer el amor.

Pícara veía a Kitty haciéndole arrumacos a Coloso y a Doug Ramsey, a Cíclope casándose con Madeleine, a Lobezno abrazando a Mariko y a Yukio en la noche de Tokio. Sintió la tensión sexual adolescente de todos los Nuevos Mutantes mientras que hasta el parapléjico Xavier encontraba el amor en Lilandra. No poder amar es bastante más terrible que no tener piernas.

Sólo se la conoce un beso en su sureña adolescencia. ¿Se masturbaría compulsivamente? ¿Habría salido el sexo, definitivamente, de su mente? ¿Controlaría sus hormonas a base de drogas? Una superheroína más cercana a “La Pianista” de Jelinek que a una Vengadora.

Y, reconozcámoslo, eso la convirtió en icono sexual del cómic para toda una generación. Cuántos de nosotros hubiéramos perdido encantados la conciencia a cambio de sentir, siquiera por un segundo, sus labios sobre los nuestros.

La asquerosa bienpensacia del cómic yanki acabó encontrando la solución en un condón magnético, permanente y de cuerpo entero, para Magneto. Era demasiada crueldad para con Pícara y tenía que solucionarse de cualquier manera, no fuera a ser que acabara apadrinada por alguna secta ultracatólica y convertida, sin ella quererlo, en modelo de virtud.

Mi dulce Pícara, espérame despierta. Aunque tenga que pactar con el propio Club Fuego Infernal, desafiar a la armada imperial de Shi’ar, exterminar a los eslizoides y viajar al Limbo de Belasco, yo encontraré la forma de poder tocarte.

Siempre tuyo.

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