Quechua Style (I)

“Es mi tienda”. Duras palabras, chocantes, cuando el que las pronuncia no es un adolescente que busca justificación o excusa cromática en su ropa para esconder lo que no le gusta (casi todo) o aparentar lo que no es. Duras palabras si vienen de la boca de un militante anarquista que se asoma a la treintena inexorablemente. Tranquilos, su tienda es el Decathlon y sus motivos los contrarios de los de un fashion-victim.

Aquellos que hemos hecho del consumir lo menos posible una militancia, lo tenemos muy difícil para vestirnos. Y digo bien militancia, porque exige estar alerta las 24 horas del día, todos los días del año, el no gastarnos dinero en gilipolleces que no necesitamos  y alrededor de las cuales se desarrolla una maquinaria demencial con el único propósito de que los que no queramos comprar, compremos. Digo bien militancia y hasta digo trinchera si hace falta. Y seguimos acumulando derrotas porque nos movemos en territorio enemigo (Pruebe Vd. a militar en esto trabajando en el Gran Vía y me cuenta).

el cangurito negroNosotros y nosotras, que no queremos marcas, ni tendencias, ni diseños, ni alimentar una industria (más) sin sentido, ni disfrazarnos de nada, ni aparentar lo que no somos, lo tenemos muy, muy difícil para encontrar ropa “normal”. Nosotros y nosotras, que también somos coquetos, que nos gusta combinar, que cuidamos lo que nos ponemos según dónde o con quien vayamos, que tenemos colores favoritos y herencias de subculturas y corrientes estéticas varias pero que no tenemos necesidad de comprar ropa por temporadas, ni siquiera una vez al año, que encontramos en la sencillez propia más personalidad que en la tendencia ajena. Hemos encontrado nuestra tienda y nuestra marca: Quechua.

La genérica del Decathlon (y alguna otra más) nos ofrece cosas casi imposibles de encontrar en el “mercado” “libre”, cosas tan delirantes como… una camiseta negra. Haced la prueba, buscad en las tiendas de la Gran Vía una camiseta negra, sin dibujitos, sin zarandajas, sin letritas. Sólo negra. No hay. Pues en el Decathlon sí, cinco por 12 euros, de buen algodón, de diferentes colores si las queréis, de cuello redondo o de pico, de marga larga y corta. Y hay otras cosas aún más originales como sudaderas, chupas impermeables, botas de montaña, zapatillas de deporte, calzoncillos… sin tener que pagar marca, a precios más que razonables, sin idioteces pretenciosas inspiradas en los raperos del Bronx, anuncios de colonias o disfraces de futbolista de segunda división.

Creo que estamos creando una corriente, que considera que estar guapo, o arreglado no tiene que ver con disfraces absurdos y perecederos. Tenemos una raíz urbanita y obrera, contestataria ante el consumo porque ponemos el acento en cosas ligeramente más importantes. Preferimos unas tetas caídas a dos perfectas bolitas de silicona, preferimos una barriguita cervecera llena de chistes antes que una tableta de chocolate aficionada al tunning, preferimos la celulitis inteligente a la modelo que no da más de sí.

Reivindicamos el derecho a vivir sin idioteces. Es lo más anticapitalista que se puede decir.

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