Cuando Harry (el Sucio) encontró a Rosa Díez
El cine simple es algo que pasa muy a menudo y hay que convivir con ello. Lo inaceptable son insultos a la inteligencia como el último trabajo de Clint Eastwood, un tipo al que yo le exijo mucho más. Una patochada digna de Disney que rezuma un etnocentrismo barato; de tienda de chinos, precisamente.
Y es que los buenos son taaaan buenos y los malos son taaaan malos. Y claro, los buenos son buenos porque son amiguitos del blanco y quieren ser como él. Los chinitos, taaaan tontos, que se postran, reverentes, ante el valor y los principios del blanco. ¿Cómo se come que un tipo que ha sido un animal fascista durante 50 años se ponga a comer rollitos de primavera con un grupo de octogenarias hmong? Y luego la escenita de Clint en un party adolescente que da ganas de salir de la sala. Las miradas con la niña mona de turno supongo que no pretenderían crear ningún tipo de tensión sexual, porque eso tiene un nombre y no es muy bonito.
Un protagonista creado en una coctelera mezclando la actitud de “Harry el sucio” con el arrepentido de “Sin Perdón”. Solo faltaba que se liara con la abuelita china de al lado para tener nuestra dosis de “Los puentes de Madison”.
Chistes racistas y sexistas a paladas, pretendiendo ser graciosos, normalizando lo chabacano y las peores actitudes inimaginables, como si fuera posible ser una persona digna de ese nombre despotricando constantemente contra todo lo diferente. Pero “this is Spain” y aquí llueve sobre mojado, ya se les había ocurrido a algunos que es posible ser un fascista repulsivo, cantando las glorias de la unidad de la patria y la defensa de la pobre y maltratada lengua imperial junto al buen rollito pseudo-progre (¡qué barato se ha puesto ser “progresista” en este país!) presentado todo en un envoltorio mediático bien diseñado con la cara de alguien que lo único que puede aportar de su currículo político es estar amenazada por ETA.
Gran Torino puede ser la película de cabecera de cualquier votante de UpyD; simple y previsible hasta el paroxismo, reaccionaria hasta la nausea pero con un logo fucsia y una payasa televisiva que les haga pensar que se puede ser un buen demócrata (¡qué barato se ha puesto ser “demócrata” en este país!) sin dejar de ser un cerdo nazi lleno de prejuicios. La alternativa a la nada resulta que es… más de nada, pero con otro envase. Si Torrente se presentara a las elecciones (adivino en las lista de qué partido) le recomendaría que empezara por ver esta peli.