Si miras al abismo, el abismo te devuelve la mirada
Se debieron escuchar muchos consejos y desoír otros tantos. Hubo que hacer un tremendo esfuerzo por desmontar, ladrillo a ladrillo lo que había costado años construir. Hubo que hacer un daño horrible a quien menos lo merecía. Hubo que autoinflingirse un daño aún mayor.
Después de mucho esfuerzo, las bases cedieron. Provocaron un salto, medido, calculado, a otras superficies más atractivas pero cuya estabilidad estaba por comprobar. Tampoco importaba; las ventanas estaban abiertas, entraba aire fresco, todo era nuevo, todo eran promesas. La fragilidad del todo provocaba un suave bamboleo, hipnotizador al principio, mareante poco después. Y los asideros ya no existían, habían sido concienzudamente desmontados. No había opción. Sólo seguir huyendo, hacia delante, conteniendo la nausea.
De pronto, todo empezó a deshacerse bajo los pies. Un poco más abajo, mucho más cerca de lo que se pudo pensar cuando se saltó, estaba mirando directo a los ojos, reclamando su tributo, el abismo.
Ya está aquí.
Lo abrazaremos.
24 Abril 2008 a 11:41 am
No te dejes atrapar. Vomita, si hace falta. Busca quienes te levanten, y déjales hacer.
24 Abril 2008 a 3:05 pm
Somos muchos, y dispuestos a tirar de ti y a montar nuevos artesonados que te sostengan
24 Abril 2008 a 8:26 pm
Que nadie se preocupe. Me muevo con soltura en aguas abisales, aunque alguna vez me pueda faltar algo de aire.
No es más que la consecuencia de ser adulto y libre; asumir las consecuencias de los propios actos. Y no hay dolor posible que me obligue a renunciar a mi libertad.