El olor de la Catedral

Publicado en Mochileros, Subculturas Urbanas el 17 Noviembre 2009 por rafademencia

Salir un miércoles en un autobús de línea para ver un partido en Bilbao y volver al día siguiente es el tipo de locura que jamás comprenderá alguien no aficionado al fútbol. Sinceramente, yo tampoco lo comprendo, pero el pasado miércoles 11 yo no me chupé cinco horas de bus para ver fútbol, lo hice para visitar el estadio de San Mamés, la Catedral.

Desde fuera desmerece un poco, con ese recubrimiento blanco que le hace parecer una fábrica más de la margen izquierda del Nervión, pero lo arregla la vista de este templo desde la calle Poza con el gigantesco escudo del Athletic presidiendo la entrada de la afición. Una afición, la bilbaína, de las más educadas y apasionadas que haya tenido el gusto de conocer. Cuando el Athletic se lo gana, el estadio no canta, ruge. San Mamés es un estadio de distribución elegante, al estilo de los viejos campos ingleses, con sus columnas y sus rincones.

A la Catedral se entra con humildad y respeto. Y no huele a incienso, como debiera un lugar santo. La humedad de la ría levanta hasta las gargantas el aroma de esta hierba centenaria y mítica.

Nuestro momento de gloria no presupuestado llegó con el empate que implicaba la clasificación para la siguiente ronda de nuestro Rayo Vallecano. San Mamés fue Vallecas durante los últimos minutos ensordecida por “la vida pirata” que 200 privilegiados entonábamos desde el córner.

El pasado miércoles el Rayito pasaba su eliminatoria mientras yo cumplía un sueño. El aroma del césped de la Catedral se quedará, para siempre, en mi memoria.

Cumbres kirguizas

Publicado en Mochileros el 5 Noviembre 2009 por rafademencia

9. Song KolDespués de tanto desierto uzbeko y el hostión emocional con la desolación del mar de Aral decidimos darnos una vuelta por el vecino Kirguizistán. En Bishkek, la capital, no hay nada, así que nos fuimos a ver montañas, que es lo que hay en Kirguizistán. De todos los tamaños y colores.

19. Song KolFuimos hasta Kochkor, donde llegamos de madrugada después de un atasco de dimensiones cortazarianas para subir a la mañana siguiente hasta el lago de Song Kol. Dos horitas de viaje en los que un par de urbanitas irredentos miraban asombradísimos esas cosas extrañas que son como edificios piramidales sin ventanas y que se llaman “montañas”.

7. Song Kol

Y llegamos al lago, una gigantesca explanada verde y brillante hasta llegaba la vista (que es donde empezaban más montañas). Song Kol es un antiguo circo glaciar, poblado en verano por manadas de caballos, ovejas, vacas y un poco de  gente. A 3.050 metros de altitud hace frío y no llevábamos más equipo que una sudadera.  Dormimos en una yurta, con una familia kirguiz a la que no entendíamos por mucho que sonrieran. Por las noches nos echábamos encima toda la ropa de abrigo que encontrábamos para contar estrellas. Todo lo que había que hacer era mirar el paisaje, y no nos cansamos de hacerlo.

23. Song KolLos caballos aquí son como las bicis en Amsterdam. Daniel, un alemán que encontramos paseando, me enseñó a montar. Y no se me dio mal, al parecer. La sensación del galope de aquel pequeño caballo mongol por las orillas del lago fue de las mejores cosas de este viaje.

Bajamos de Song Kol llenos de energía para emprender la segunda parte del periplo kirguiz que nos llevaría, en una odisea tan absurda como hermosa, hasta la ciudad de Osh. La naturaleza, en este estado tan puro, seguirá siendo un misterio para aquella parejita de Lavapiés.

11. Song Kol

De cómo nos roban el barrio (y ni nos enteramos)

Publicado en Lavapiés, Rabias el 30 Septiembre 2009 por rafademencia

lavapiescamarasLa diferencia entre galerías comerciales, piazzas o atriums de los megacomplejos comerciales -y otros shopping malls edificados por iniciativa de la promoción privada- y las calles ‘peatonales’ y plazas ‘recalificadas’ bajo la égida de los poderes públicos tiende a esfumarse. En la práctica, el ciudadano queda reducido, la mayor parte del tiempo, al estatus de consumidor, excluyendo así a todos aquellos que, por falta de medios, no pueden aspirar a dicho estatus, y cuya presencia en estos lugares resultará, por lo tanto, incongruente. (…)

ojos que no venSin embargo, hubo un tiempo en que las avenidas, las plazas y los parques, eran percibidos y experimentados como espacios de convivencia entre grupos sociales. Ciertos espacios urbanos fueron concebidos como una especie de válvula de escape para que las tensiones entre las clases y las etnias pudieran atenuarse, para que unos y otros se relacionaran entre sí alrededor de actividades de ocio y gustos comunes, aunque no se mezclasen entre ellos. Actualmente, en cambio, “esta visión reformista de los espacios públicos como emolientes de la lucha de clases, incluso como fundamento de la polis, parece tan obsoleta como las panaceas keynesianas para el pleno empleo” (Mike Davis, 1997).

Con sus bibliotecas, mediatecas, museos, auditorios, palacios de congresos, comercios de alta gama y sus restaurantes diferentes, los barrios renovados o rehabilitados del centro son cada vez más selectivos y exclusivos. Frecuentados mayoritariamente por la alta y media burguesía, están vetados de facto, sino de jure, a las capas populares.

“Contra los territorios de poder”
Jean Pierre Garnier

mano_camarahttp://unbarriofeliz.wordpress.com/

Un artículo de DIAGONAL sobre el tema…

Aral

Publicado en Mochileros, Rabias el 25 Septiembre 2009 por rafademencia

351. Aral

324. AralVisitar maravilla tras maravilla puede llegar no sólo a aburrir, sino a dejarte deslumbrado y hacer que no veas esas cosas realmente interesantes. Cosas, como el mar de Aral, que no deberían ser vistas porque no debieran haber sucedido jamás. Y vale la pena cruzar medio planeta para enfrentar un horror de estas dimensiones. Ese tipo de cosas que, por mucho que te cuenten, nunca vas a entender si no las ves con tus propios ojos. Ni aún así.

Bienvenidos a la tierra de la desolación.

La capacidad del ser humano para el crimen y la iniquidad solo encuentra límites cuando se acaban las víctimas potenciales. Asesinar un mar en nombre de la producción está más allá de nuestras dimensiones mentales. O debería de estarlo.

319. Aral

350. AralSupongo que alguno de los círculos del infierno de Dante se parecería a esto. La piedad y la rabia que despiertan los cadáveres de los otrora orgullosos y alegres pesqueros te bloquean. Varados en medio de una arena envenenada que un día fue el lecho marino. Parece que te miran, que te preguntan qué ha pasado y por qué. Que dónde se han ido el agua y las olas y las mareas. Por qué hay polvo seco donde había brisa y por qué se muere la gente al respirar.

315. Aral

Estar allí dentro despierta algo negro y terrible que todos tenemos dentro. En cierta manera ese paisaje nos es familiar. Ya hemos estado aquí antes. Un parque temático soledades no deseadas, de teléfonos que no suenan, de futuros muertos, sin ilusión alguna, de vidas que pesan y no se acaban nunca. Como el sol en el Aral; implacable, sin horizonte que lo cobije y sin más sentido que el dolor.

345. Aral

Existe una retorcida belleza en esta obra cumbre de la muerte.

Tashkent. Recuerdos de la U.R.S.S.

Publicado en Mochileros el 17 Septiembre 2009 por rafademencia

Viviendas en TashkentLa capital de Uzbekistán, la ciudad de piedra no es para muchos viajeros más que la hermana grande, hacendosa y funcional de Samarkanda y Bukhara. Pero Tashkent es una metrópolis en un sentido muy diferente al occidental. La mezcla de razas es turbadora, excesiva. Un reflejo de la artificialidad de las fronteras de todos estos estados donde los pueblos solo han sido dueños de la tierra que pisaban más allá de su origen étnico. La era roja convirtió a Tashkent en la referencia urbana de Asia central, el punto donde se cruzaban nómadas, viajeros e invasores con el mestizaje local, ya de por sí desmedido.

Plaza

Tashkent es un ciudad espaciosa, trufada de zonas verdes. Está llena de barrios obreros de estilo soviético, pero tienen personalidad, alegría. En cada uno hay un diseño diferente, fachadas decoradas, colores, ornamentos en las ventanas. 45. TashkentUrbanismo dirigido, horizontal y amable, pero también ajeno a los usos locales hasta entonces. No deja de ser algo absurdo encontrar esos mismos modelos de distribución del espacio en Europa oriental, cuando el clima pide calles estrechas para proteger a la gente del sol o del frío. Aún con todas sus contradicciones, el socialismo le dio a esta ciudad un nivel de civilización y progreso más allá de lo que cualquiera de sus habitantes podría haber soñado jamás.

80. TashkentHay un ejemplo muy visible de la intención del socialismo de llevar el poder de arriba a abajo, a la base. El lujo concentrado antaño en palacios y catedrales (que aquí no había), desapareció. Entonces lo llevaron abajo y más abajo, al metro. Cada estación es un museo imposible y perfecto. Todos distintos. Todas las vanguardias, lo más excelso de la producción artística soviética se quedaba en el metro. Allí están los cosmonautas, los héroes de los niños de una generación, los científicos, los artistas, los soldados, la historia, las conquistas, las cosechas.

74. TashkentTashkent tiene tres centros y tres cabezas. El centro antiguo, en Chorsu; barrio de calles estrechas y mezquitas donde se venden samsas en carritos de bebé de los años 50. El centro soviético, monumental, perfecto, armonioso, con parques tomados por libreros y niños jugando en las fuentes. El centro moderno, mirando a occidente, de bancos y hoteles de lujo, donde la gente sólo transita. Pero ni aún aquí se encuentra un McDonald’s o un Starbucks.

6. Tashkent

Los viejos Ladas comparten las enormes avenidas con los nuevos turismos coreanos. Las tuberías de gas y agua pasan sobre las calles en arcos absurdos. Bancos de niebla con olor a shashlik y cilantro. Hiyabs y minifaldas. En la plaza de los Cosmonautas la chavalería intenta un nuevo truco sobre sus monopatines bajo la mirada de los conquistadores de las estrellas.