Empieza bien la cosa

Publicado en Lavapiés, Rabias el 19 Enero 2010 por rafademencia

Dos buenas noticias para empezar el 2010. La asamblea de Malaya (renovada) volvió a okupar justo un año después de su desalojo y otra vez en los alrededores de Lavapiés. Su apuesta política sigue estando en el centro de Madrid, el “cogollo” de la especulación.

Un antiguo concesionario de coches cerca de la glorieta de Embajadores se ha convertido en el C.S.O.A. La Mácula, un lugar que, como la propia asamblea define, quiere ser exáctamente eso: una mancha, una mácula en el Madrid moderniqui, europeo, funcional, turístico y de diseño que nos quieren imponer y no, precisamente, para que lo disfrute el común.

Otra pequeña aldea gala desde donde coordinar y lanzar nuestra particular resistencia de vida y alegría en uno de los barrios más castigados por la ciudad-marca.


La segunda fue más divertida. Nos encontramos yendo a un entierro, concentrándonos en el 2 de mayo para despedir al Patio y hacer sentir a su gente menos sóla y nos encontramos en un bautizo; otra casita sola en la calle del Pez se llenaba de Patio. En la calle, casi mil personas celebrábamos este giro utópico de los acontecimientos. Mucho pían los puristas del ‘movimiento’ sobre el Patio pero fueron ellos, como ningún otro, los que hicieron realidad en sólo doce horas el muy coreado “Un desalojo, otra okupación”. Yotras dos frases que vienen a cuento: “Solo no puedes, con amigos sí” y “Si no hay Acuerdo, habrá Pez”.

Son sólo dos islitas más en esta ciudad-océano, cada vez más hostil y más inhabitable. Pero suficiente para que todos cojamos energía para seguir trabajando y resistiendo, creando, soñando y empoderándonos un poquito más. Ahora nos toca a todos llenar estos espacios de ideas y de sueños. Animaos, siempre vale la pena.

Resulta que, como cantan los ecuatorianos, va a ser que, cuando se hace bien, “sí, se puede”

Las fotos son del Centro de Medios

Otro año menos

Publicado en Rabias el 12 Enero 2010 por rafademencia

Por fin se acabaron las malditas navidades. Cada año son más absurdas, tienen menos sentido y molestan más. La orgía oficial de consumismo ya empieza a ser insultante; que no se les ocurra otra cosa que el seguir promoviendo un modelo que nos lleva al desastre es, además de obsceno, preocupante por lo que a nuestros “responsables” económicos se refiere. Nos cuentan que no tienen más ideas, que no tienen soluciones.

Las malditas lucecitas, las malditas casetitas de regalos y adornos cutres que no han dejado una plaza sin invadir, las malditas pelucas de payaso, los malditos rebaños de paletos compradores con sus putos coches, las malditas gentes que te llaman después de no haberte visto en todo el año… porque no les quieres ver, y lo saben. Esto cansa y cabrea.

Este año, las navidades han sido bastante benévolas conmigo; no hemos hecho cena “de empresa”, no he gastado ni un céntimo en lotería, no he hecho ningún regalo ni tampoco lo he recibido.

Me consuela saber que, cada año que pasa, este circo tiene los días contados. Sin el vínculo cultural-religioso, ¿por qué iba nadie entrar en esta vorágine de consumo y compromisos institucionales? En dos generaciones, sólo un puñado de retrógrados tendrán algo que celebrar y nos dejarán tranquilos al resto.

Y por eso hay tanta gente feliz cuando llega el 7 de enero.

La foto nos la regaló la chavalería ateniense el año pasado.
La tira es del gran Mauro Entrialgo.

Decadencia, decadencia…

Publicado en Mochileros el 29 Diciembre 2009 por rafademencia

Durante los días que estuvimos en Oporto,  la orgullosa capital del norte portugués, nos acompañó un gris infinito y amenazante en el cielo. Otoño en la puerta del Atlántico.

Oporto es decadente. En ciertas partes, se cae a pedazos. Humedad, letreros de tipografías demasiado viejas, como un decorado abandonado. Hace falta una marcha más lenta para pasear, para todo.

El azulejo es un encuentro frecuente en las casas de los barrios viejos, y siempre falta un azulejo. Cuestas de adoquines irregulares, torres fantasmales, pequeños bares escondidos tras las esquinas… Sombras gentiles y húmedas.

Decadente, decadente. Y muy frágil, como si cada pequeña cosa pudiera acabarse de repente y volverse normal y vital y europea. Lo difícil es no hacer el amor en Oporto.

En Miragaia, más al oeste, después de caminar por calles olvidadas,  encontramos un jardín donde encerrar todo el otoño, toda la melancolía, toda la saudade. En el vino encontramos las mil palabras que nos faltaban para definir la ciudad. Pero no las recuerdo sin vino. También había un puente que se miraba desde abajo, y cafés modernistas llenos de poetas recordados y un río, siempre, un río.

Decadencia, hermosa decadencia… Que no te cambien, Oporto.

Vine

Publicado en Interiores el 2 Diciembre 2009 por rafademencia

El pasado sábado 28 de noviembre, Delên, un delicioso grupo de Menorca, tocó por primera vez en Madrid. Como supongo que será en una de esas calas prometidas y nunca encontradas que nadie más que otro conoce, sólo fuimos ocho privilegiados los que tuvimos el gran placer de ‘cenarnos’ las canciones “dulces y saladas” de Len, Quim y compañía.

Les deseo toda la suerte del mundo sólo por lo buenos que son y porque se la merecen, pero de momento yo disfruto de esta cala secreta, sólo para mí, que son sus canciones.

Moltes gracies i fins aviat!.

Vine a cercar-me
i agafa’m fort
Vine a somiar amb jo,
que ja despertarem demá.

Veurem sortir es sol
i totes ses postes del món.
Vine, no t’ho pensis més,
que no som estrangers.

Vine tot sol,
ens trobaren enmig de s´horitzó.
Vine cap aquí
i agafarem sa lluna amb es dits.

Vine a cercar-me
i agafa’m fort
Vine a cercar-me
i queda aquí.

Vine tot sol,
ens trobaren enmig de s´horitzó.
Vine cap aquí
i agafarem sa lluna amb es dits.

Vine a cercar-me

Vine a cercar-me.

www.delen.es
www.myspace.com/delengrup (escúchalos aquí)

Foto: Tofol Pons

El olor de la Catedral

Publicado en Mochileros, Subculturas Urbanas el 17 Noviembre 2009 por rafademencia

Salir un miércoles en un autobús de línea para ver un partido en Bilbao y volver al día siguiente es el tipo de locura que jamás comprenderá alguien no aficionado al fútbol. Sinceramente, yo tampoco lo comprendo, pero el pasado miércoles 11 yo no me chupé cinco horas de bus para ver fútbol, lo hice para visitar el estadio de San Mamés, la Catedral.

Desde fuera desmerece un poco, con ese recubrimiento blanco que le hace parecer una fábrica más de la margen izquierda del Nervión, pero lo arregla la vista de este templo desde la calle Poza con el gigantesco escudo del Athletic presidiendo la entrada de la afición. Una afición, la bilbaína, de las más educadas y apasionadas que haya tenido el gusto de conocer. Cuando el Athletic se lo gana, el estadio no canta, ruge. San Mamés es un estadio de distribución elegante, al estilo de los viejos campos ingleses, con sus columnas y sus rincones.

A la Catedral se entra con humildad y respeto. Y no huele a incienso, como debiera un lugar santo. La humedad de la ría levanta hasta las gargantas el aroma de esta hierba centenaria y mítica.

Nuestro momento de gloria no presupuestado llegó con el empate que implicaba la clasificación para la siguiente ronda de nuestro Rayo Vallecano. San Mamés fue Vallecas durante los últimos minutos ensordecida por “la vida pirata” que 200 privilegiados entonábamos desde el córner.

El pasado miércoles el Rayito pasaba su eliminatoria mientras yo cumplía un sueño. El aroma del césped de la Catedral se quedará, para siempre, en mi memoria.